Adopción y acogimiento

Who do you love? Frederick Morgan

 

Trabajar con la historia de las personas me ha reafirmado cada vez más en el valor de aquello que llamamos apego. El tipo de crianza y vínculo establecido con las figuras más significativas durante los primeros años de vida, condiciona y mucho cuánto de seguro o inseguro percibimos el mundo que nos rodea. Tanto niños y adolescentes como adultos que fueron
adoptados y/o acogidos, con alta probabilidad han experimentado un abandono o una ruptura con sus figuras más significativas durante los primeros años de vida, precisamente en el momento más crítico para el desarrollo del apego.

En los casos más graves, también han podido sufrir abusos, malos tratos y cuidados negligentes. Y como consecuencia desarrollar algún tipo de apego inseguro y con probabilidad trastornos y alteraciones psicológicas.

Y por supuesto no solo ocurre a población adoptada y acogida. Aún no se ha inventado máquina del tiempo alguna que permita cambiar lo sucedido en esos primeros años de vida, pero sí es posible tenerlo en cuenta y repararlo en la medida de lo posible, tanto a través de una terapia como al cuidado de personas capaz de crear vínculos reparadores.

En mis años de profesión y principalmente en el trabajo con adolescentes, he acabado recibiendo habitualmente jóvenes adoptados y que en la actualidad presentan problemas vinculados de alguna manera a su historia. Creo que hay mucho trabajo por hacer, tanto a nivel de investigación, como a nivel terapéutico y por supuesto a nivel de la Administración.

A este hecho debo mi apuesta a la hora de colaborar con Apananá, asociación postadoptiva en la que confío y a la que debo mucho. También puedo añadir con orgullo que soy padre acogedor de una preciosa niña.